Nuestra historia: Que salgan Los Monsters.

Monologuistas — By on 12 enero, 2012 23:37

En nuestro anterior capítulo de la historia del grupo nos quedamos en nuestra amarga derrota en un concurso de internet a manos de un pseudo humorista que utilizo un monólogo semiplagiado.

Hoy llega el momento de la primera actuación pre-Críticos Cítricos. Ni más ni menos que ante una audiencia de más de 300 personas que habían ido a ver a… Los Monsters.

Pep, el promotor del desastre

Gracias al concurso al que nos habíamos presentado en internet sonó nuestro teléfono. Desafortunadamente no era un millonario mecenas entusiasmado por la calidad del guión o de la actuación que quería solucionarnos la vida. Era sólo una amiga. Eso sí también traía una propuesta artística:

Un amigo suyo, el mítico pero por entonces desconocido para nosotros Pep Rivas, que formaba parte de un grupo de música había visto el monólogos en internet y quería que Carolina participase en la actuación.

Los Monsters, su legendario grupo de música, habían alquilado la sala Ritmo & Compas para un concierto, y para atraer a más público habían decidido tener como teloneros a una serie de monologuistas amigos o conocidos. La idea no sonaba mal, así que Carolina se animó a actuar en directo. Y se preparó un par de monólogos: El ginecólogo y el bote de bolis.

Al llegar allí descubrimos con entusiasmo novato que la sala estaba llena. Un entusiasmo que pronto se volvería en nuestra contra. Antes del concierto hubo seis monologuistas entre los que se encontraba Carolina y algún futuro componente arancetano de nuestro grupo. Los monólogos gustaron a quién escuchó… que para ser sinceros no fueron ni la mitad de los presentes.

Quedaba un monólogo más que debía interpretarse mientras Los Monsters se cambiaban de indumentaria al final del concierto, junto antes de los bises. Adivinad quién se ofreció voluntaria para interpretarlo.

Y llegó el momento. Con el público enfervorizado con los temas más famosos del grupo, sus integrantes hacen el paripé de despedirse. Y la multitud empieza a corear al unísono “Otra, otra, otra….” Aún sin tener experiencia sobre las tablas, todo indicaba que ese no era el mejor momento para salir al escenario. Miré a Carolina y le dije:

– Mejor no salgas.
– Tengo que salir, he dicho a Pep que lo haría.

Entonces abducido por el espíritu de Yoda, le di un sabio consejo.

– Lo que te diga el corazón haz. Pero si callado el público no se está, grita en alto “callaros de una puta vez” con tu cara angelical… su atención captarás.

Y Carolina subió al escenario, y tal y como esperábamos nadie hacía caso. Es más a los gritos de “Otra, otra, otra…” se sumaron otros más ofensivos que decían una y otra vez “que salgan Los Monsters”. Aún así, haciendo gala de una profesionalidad fuera de toda duda, empezó a recitar el monólogo. El público permanecía indiferente a su presencia y al recordar el sabio consejo gritó a un nivel de decibelios que incluso con micrófono no pudo ser oído ni por el cuello de su camisa el famoso “callaros de una puta vez”.

Ante el nulo efecto, con más resignación que entusiasmo siguió recitando su monólogo hasta el final. Debido al ruido en la sala sólo los de la primera fila pudieron atender con tanta compasión como diversión.

Cuando Carolina regresó a su lugar entre el público no pudo contener las lágrimas de frustración y pronunció la frase que probablemente significó el comienzo de los Críticos Cítricos: “No vuelvo a subirme nunca más en mi vida a un escenario”.

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